Estaba hartada, cansada y agotada, no podía más, tomé el vaso que tenía a mi lado y me dirigí a mi cocina, abrí la alacena de en medio, moví unas cuantas latas y la saqué… saqué mi botella, mi salvación, mi libertad… Llené mi vaso a la mitad, sabía que era mucho pero quería sentirme aunque sea un trago libre, acerqué poco a poco el filo de aquel recipiente que contenía el liquido que me liberaría mililitro por mililitro, al tomarlo sentía como resecaba mi garganta, como me hacía poner caras al sentir como rozaba cada parte de ella, me la paso alegre y disfruto, nadie se escapa de nuestro destino, pero con esto… siento que me libero de él…

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